La vi por ese pequeño hueco que se crea entre el miedo a lo desconocido y la curiosidad, por esa incómoda grieta entre querer saber y salir corriendo. No sé si me explico, pero me gustaba. La vi y era pura transformación, constante, y mis ideas ya eran solo de verdad y tenían frío si ella no las abrigaba. Pero debían tener frío y yo quería, parece una encrucijada y huele a locura, aunque la espada era de juguete y la pared de papel pintado. Mi mirada que no sabía cesar, ni podía ni quería, y su maldita armonía agarrotándome el pulso. La vi envejecer por momentos en mis cuentos, los que pienso y nunca le explico, y la vi así, como os lo cuento, perderse en su propia piel, pedirme ayuda de reojo. Es cierto, el tiempo era solo ese suave deambular de sus pasos en mi universo, y la vi trepar por mis acantilados como si conociese el camino, cada curva y cada piedra sorteada, y las migas que dejaba la mataban de hambre. Y yo ya no sabía nada, solo seguía mirando y mirándola, y la vi decidir sobre sus vidas, sobre todas ellas, sacarlas del bolsillo hechas un lío y ordenarlas, recordarlas, olvidarlas si quería. La vi inventar mis gestos, reír mis risas, recorrer sus propias líneas con mis perezas, odiarme a ratos, emborracharse los sentidos. La vi interpretar con sus actores mis comedias, robarme la voz, quemar los puntos y las comas. La vi por ese pequeño hueco que aparece de la nada entre el querer y las mareas. Y la vi desaparecer por esa incómoda grieta entre el sueño y mis mañanas.
martes, 2 de diciembre de 2014
martes, 19 de agosto de 2014
La silla de madera cruje cuando por fin se sienta delante de mí.
Si tuviera que explicarlo de alguna forma, sería como un reguero incesante y
sucesivo de hormigas cruzando la puerta y asegurando la huida. Tropezando, avanzando
mientras ella apura el filtro. Ajena como si nada malo ni bueno, tuviera
espacio para colarse por el hueco de la puerta que sujeta con firmeza. Siente
el frío metálico e inamovible trepar por los surcos de su piel. Siente la
fuerza imparable que no cesa y que observa y resiste. Ella también resiste.
Sería más o menos como ese reguero de hormigas que se abalanza sin éxito,
mareadas por el vaivén de los pliegues de su falda. No es para menos.
lunes, 28 de julio de 2014
viernes, 20 de junio de 2014
Las vidas de propina de las que
hablas, las que valen por dos, pesan tan poco que solo vives para contarlas.
Cogería todo eso y mediodía a la sombra, y dejaría que las palabras que
sollozas solo fueran el calor que me adormece, la razón que agita las hojas y
sin más se desvanece. Podríamos alisar el lienzo de la existencia, apagarle las
arrugas y alisar las llamas por un momento, y escribir alguna especie de
conversación catártica, de esas que son todo comas y camas, y besos y mantas. Podríamos
quedarnos así, sintiendo solo la parte liviana de lo vivido, cantando bajo el
agua, muriendo de regalo, doblando el folio y empezando otra de esas vidas, de
propina, de las que tanto hablas.
martes, 3 de junio de 2014
Solo hay una forma de salir airosos y la llevamos colgada al cuello. Llegados
a este punto me da igual si no entendéis que los motivos los incubo con
poesías, no me importa. Me da lo mismo escribir en vano, que en vena, que por
mil quilómetros de carreteras secundarias y yo al volante. Y monótonas, un sinfín
de señales de prohibido el paso, alto esas ideas, pensar es malo.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Hoy todo era mentira. La lluvia era mentira y no llovía. De cómo
el amor nos dejó ciegos, y detrás de las cortinas nuestras formas se lamen las
heridas. De cómo la verdad es contagiosa y sin quererlo ni beberlo nos han
robado las nauseas, nos han curado las ansias. Aunque lo de no beberlo era
mentira también, como todo, embriagados de todo lo placebo que puede ser sin
serlo, anestesia de broma cuando las luces se apagan. Hoy todo era mentira y
sin embargo me han pintado tus recuerdos la cara, otra vez, y vuelvo a escribir
de más por no saber gritarlo y no querer rozarlo. Pero bien sabes que lo que
cuento se lo han contado ya miles de veces, no iba a ser diferente por salir de
la entrañas esta vez, por empañar las tardes y las noches que bebe de otros
vasos, que vive de otros cuentos. La lluvia era mentira, y me sentaba bien,
pero no llovía.
miércoles, 2 de abril de 2014
Si te cuento de menos otra vez, créeme, que lo que siento se hace a mano, nace debajo de la piel, a medida como un traje, nada de Prêt-à-porter. Si te despierto y no es de día es que soñaba otra vez, agudiza tus sentidos, conocía la salida y hoy me he vuelto a perder. Pero es que ha pasado ya desde la última vez, son solo cuatro frases para aguantar hasta el café, y créeme, lo mejor está por llover.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)