viernes, 24 de junio de 2011
Me encanta esta luz. Esa luz de las 9.32 de la tarde de un viernes de verano. Pero no es solo eso, supongo. Es el sonido de cubiertos ahí fuera, la gente que cena, la lluvia que no tarda. Esa luz que más que luz ya es noche, que al minuto ya no es la misma. Son las cañas secas que cuelgan en alguna terraza, su sonido sordo y arrítmico, más cubiertos, pasos, coches, voces, hombres y mujeres, la lluvia que espera al postre, el sonido de las teclas, el tabaco que quema. Y esa luz. Me he vuelto a girar y se ha ido. No está y no estás, pero me encanta esa luz.
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