Las vidas de propina de las que
hablas, las que valen por dos, pesan tan poco que solo vives para contarlas.
Cogería todo eso y mediodía a la sombra, y dejaría que las palabras que
sollozas solo fueran el calor que me adormece, la razón que agita las hojas y
sin más se desvanece. Podríamos alisar el lienzo de la existencia, apagarle las
arrugas y alisar las llamas por un momento, y escribir alguna especie de
conversación catártica, de esas que son todo comas y camas, y besos y mantas. Podríamos
quedarnos así, sintiendo solo la parte liviana de lo vivido, cantando bajo el
agua, muriendo de regalo, doblando el folio y empezando otra de esas vidas, de
propina, de las que tanto hablas.
viernes, 20 de junio de 2014
martes, 3 de junio de 2014
Solo hay una forma de salir airosos y la llevamos colgada al cuello. Llegados
a este punto me da igual si no entendéis que los motivos los incubo con
poesías, no me importa. Me da lo mismo escribir en vano, que en vena, que por
mil quilómetros de carreteras secundarias y yo al volante. Y monótonas, un sinfín
de señales de prohibido el paso, alto esas ideas, pensar es malo.
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