lunes, 21 de noviembre de 2011

Olvidé a caminar los tres pasos y medio que separan tu cama de mi ventana, a recorrer a tientas el pasillo, a soñar a medias tintas. Me acordé de olvidar, lo dicen doce centímetros cuadrados de papel amarillo sobre la estantería. Lo gritan cuarenta grados absolutamente inocuos cuando el cristal se enfría.

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