martes, 29 de marzo de 2011
32 horas
He pasado 32 horas sin un cigarrillo entre mis dedos. Sé que no es algo realmente memorable, ni digno de mención. Pero tampoco me preocupa eso. Lo único enriquecedor de este anodino e insulso hecho acontece cuando ya desesperado intento vender mi alma al diablo. Entre destellos y llamas del inframundo aparece el tío con una de esas medias sonrisas que ya de por si exacerban a cualquiera y me pregunta con su diabólica voz por mis intenciones. Le comento que estoy interesado en hipotecar mi alma, si las condiciones me favorecen, por un paquete de Marlboro. Claro, yo pienso, si vendes tu alma no le pidas tabaco de liar, que no sé a quien coño voy a engañar luego para conseguir papel. En fin, que el tipo cambia de lado la media sonrisa, me mira de reojo, y me dice que tendría que abrir un paquete de Ducados para darme siete u ocho cigarrillos, pero que la política de su empresa se lo prohíbe. Por entonces llevaba yo unas 30 horas sano sano, y le he dicho que no fumo negro. Se ha ido indignado, quizás por mi comentario, de vuelta hacia sus fogosos lares farfullando nosequé blasfemia. Al rato me he encontrado un cigarro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Quién fuese papel.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar